Karl Marx escribió El Capital (Das Kapital) en 1867 como un análisis crítico del capitalismo.
Su objetivo era explicar cómo funciona este sistema económico y cómo conduce a la desigualdad y la explotación.
La obra se basa en la teoría del valor-trabajo, que sostiene que el valor de una mercancía depende del tiempo de trabajo necesario para producirla.
Marx describe cómo el capitalismo se basa en la apropiación del excedente de valor generado por los trabajadores. Es decir, los empresarios pagan a los trabajadores menos de lo que realmente producen y se quedan con la diferencia, lo que él llama “plusvalía”.
Según Marx, esta plusvalía es la fuente de la riqueza de la burguesía (los dueños del capital) y la causa de la explotación del proletariado (la clase trabajadora).
El libro detalla el ciclo del capital, explicando cómo los dueños del capital compran materias primas y contratan trabajadores para producir bienes que luego venden en el mercado. Con las ganancias obtenidas, reinvierten en más producción, aumentando su riqueza mientras los trabajadores siguen en una posición de dependencia.
Marx argumenta que este ciclo crea desigualdades y que la competencia entre capitalistas lleva a la concentración de riqueza en pocas manos.
Otro punto clave es el concepto de la “alienación del trabajo”.
Marx sostiene que, en el capitalismo, los trabajadores no controlan su producción ni los beneficios de su esfuerzo. Esto provoca una desconexión entre el trabajador y su labor, generando insatisfacción y pérdida de sentido.
A lo largo del libro, Marx predice que el capitalismo es un sistema inestable que, con el tiempo, enfrentará crisis económicas cíclicas. Estas crisis ocurren cuando la producción crece más rápido que la demanda, lo que lleva a despidos, quiebras y tensiones sociales.
Según su teoría, estas crisis se volverán cada vez más severas hasta que el proletariado se rebele y establezca un sistema socialista en el que los medios de producción sean controlados colectivamente.
En resumen, El Capital no solo es una obra económica, sino también un llamado a la acción para la transformación social.
Marx cree que la única forma de acabar con la explotación es a través de un cambio estructural del sistema, lo que más tarde inspiró movimientos comunistas y socialistas en todo el mundo.